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jueves, 14 de septiembre de 2017

Rubén Blades y Seis del Solar - Buscando América (1984)

Rubén Blades, especialmente en su época con Seis [y Son] del Solar, ha sabido llevar la "salsa" (un género a medio camino entre el jazz latino y el tropicalismo comercial) a las fronteras del rock y el funk. Aquí uno de los clásicos "tropicales" de los 80, lleno de fusión, con giros experimentales y con clara intención política.

Artista: Rubén Blades y Seis del Solar
Álbum: Buscando América
Año: 1984
Género: Son / Latin Jazz / Salsa
Duración: 39:13
Nacionalidad: Panamá / EUA


[Hace unos días, en la lista de correos cabezones, Leandro pidió salsa de la época de oro de la Fania. Esto es posterior y ya no es Fania, pero se lo dedicamos con cariño].

Seis del Solar nació para acompañar las fuertes letras de Rubén Blades (ya famoso después de su colaboración con Willie Colón), en un experimento de fusión del son (disfrazado de "salsa") con el rock y el funk; un nuevo hito en la historia del jazz latino. Buscando América es su primer producción juntos y un estupendo muestrario de lo que estas combinaciones pueden lograr. Canciones conscientes, herederas de la canción de protesta de los setenta, pero vestidas de gozo y baile, de ritmo y virtuosismo, que llevarían a públicos amplísimos las preocupaciones sociales del autor de "Pedro Navaja".







Cargada de mística yoruba, de esclavitud liberada por el ritmo frenético de los trances del orixa, Cuba produjo el son y sus mil variaciones. La otra ala de esa ave caribeña, la que le permitió volar hacia el continente, se llama Puerto Rico. Emigrada a Nueva York, la mística yoruba se transformó tempranamente en jazz y el acento que allá se bautizó como “latino” permeó de manera indeleble lo mejor de la música de ese país crisol, contradictorio; terrible y maravilloso a la vez, que son los Estados Unidos.

A fines de los sesenta, el jazz latino declaró su independencia, se volvió de lleno hacia el son y, llevando a cuestas los productos de Gillespie, Chano Pozo y Tito Puente, alucinado de “manteca”, replanteó la herencia de las islas en una fusión que luego se daría a conocer, bajo los auspicios de un sello discográfico, la Fania, como “salsa”. No sé dónde leí o escuché que “salsa” es una categoría de mercado, acuñada para facilitar su promoción comercial, en la que se engloba un amplio conjunto de tradiciones musicales caribeñas, todas hijas, hermanas, primas del son cubano. Hoy decimos salsa y nos tiemblan las piernas de ganas de bailar, pero lo que cabe ahí adentro es una enorme diversidad de géneros y estilos que todavía se llaman guaguancó, montuno, guaracha, guajira, plena, mambo, bolero, bambuco y etcéteras sin fin. En último análisis, salsa (cierta salsa, especialmente la de los setenta y ochenta) es jazz latino con el acento en lo segundo y también en el aspecto comercial. La salsa, pues, nació en Nueva York como síntesis de la diversidad de la música cubana, puertorriqueña y caribeña, y se extendió como fuego por todo el continente, al menos hasta que otra tradición caribeña, la cumbia colombiana, mucho más simple en su factura musical, terminó por desplazarla.

No es un género privilegiado entre quienes preferimos las complejidades de la música progresiva. Cuando viajo en taxi o en combi en Lima, por ejemplo, escucho lo que se programa en las radios tropicalosas; entre una y otra cumbia y de repente un horroroso reguetón, suena una clave: ese esqueleto rítmico irregular y sincopado sobre el que se despliegan la música cubana y todas sus innumerables hijas. El tic-tic-tic / tic-tic (o al revés, tic-tic / tic-tic-tic), esos cinco golpes que descuadran el compás de cuatro cuartos sobre los que se construye el “tumbao” y que lo vuelven infinito, se convierte en un remanso entre tanta basura comercial hiper erotizada, machista y superficial.

Como todo género jazzístico, la salsa no ha sido ajena a la experimentación, a la fusión y refusión de instrumentaciones, ritmos y cadencias, al impulso progresivo. Y además, sobre todo en los ochenta, ha sido vía de un discurso consciente y comprometido sobre la historia y la sociedad, especialmente en el trabajo de esos dos monstruos (hoy enfrentados) que son el boricua Willie Colón y el panameño Rubén Blades. Juntos, en 1978, saltaron a la fama internacional con su sensacional Siembra, en el que aparecían al menos dos de los más resaltantes éxitos de la salsa global: “Plástico”, con su denuncia a la sociedad de consumo y su llamado a la unión latinoamericana, y la genial historia de “Pedro Navaja”; clásico entre los clásicos de la salsa y muestra primordial del estilo de composición de Blades que sabe, como nadie, contarte una historia trepidante mientras “mueves el bote”. Vendría después la bilogía Maestra vida (1980), un auténtico álbum doble conceptual, pero sería con Buscando América, con la sensacional banda Seis del Solar, que Blades se establecería definitivamente como uno de los grandes representantes de la fusión caribeña.

“Decisiones”, el tema que abre el disco, arranca con un aire de baladita rítmica, al estilo nueva ola, para contarnos tres historias sabrosísimas, hilarantes, que pintan de cuerpo entero las tonterías que hacemos, las trampas que cometemos, las decisiones estúpidas que tomamos o dejamos de tomar: la parejita de adolescentes que no saben cómo enfrentar el embarazo no deseado; la misoginia de un casero que cree que puede imponer a su inquilina una relación extramatrimonial, y el borracho que conduce feliz hacia su muerte. Cada una de las historias se sella con un corito angelical con el que los protagonistas parecen dejar la responsabilidad de su decisión a la divina providencia.

El segundo corte, “GDBD”, es probablemente, el punto más alto de la carrera de Blades en términos de experimentación: es una historia en prosa cantada a capella, excepto por los coros de la banda que imita con voces la sección de percusiones del guaguancó. El protagonista de la historia es un policía y lo que nos cuenta el autor es cómo inicia su día a día, los avatares de su vida cotidiana. La descripción es tan clara que puedes verlo: es casi un guion de cine que nos cuenta cómo inicia su día el matón hasta el momento en que sale a la calle, listo para ejercer su oficio. En sus propias palabras, Blades explica: “GDBD es Gente Despertando Bajo Dictaduras. Narra la cotidianidad del Mal” (http://comunidad.diarioinformacion.com/entrevista-chat/270/musica/ruben-blades/entrevista.html).

El tercero, “Desapariciones”, es otra muestra de la fusión que representan Blades y los Seis del Solar; aquí aparece un instrumento poco común en las orquestas de salsa, la batería, con la que el discurso sonero se acerca al rock (en una rítmica totalmente reggae, con el bajo como principal protagonista). El texto es también de denuncia, y gracias a las perversidades del poder, no deja de tener una triste, trágica, rabiosa actualidad. Como en “Decisiones”, Blades cuenta aquí historias, pero estas son de personas desaparecidas; historias que representan el horror que seguimos viviendo, como en el caso de Santiago en Argentina, de los estudiantes de Ayotzinapa en México y de los miles y miles y miles de personas que nos quitan. “¿A dónde van los desaparecidos?”, resuena como un eco de dolor inmemorial.

En cuarto lugar tenemos una versión salsera deliciosa de un fabuloso vals peruano de César Miró: “Todos vuelven”, en el que destacan el acompañamiento de bajo en novenas, las percusiones (especialmente el timbal) y el pregón o soneo: esa fórmula del son en la que el cantante solista responde al coro con improvisaciones. Es quizá en este tema en el que más destaca la maestría y el virtuosismo de los Seis del Solar. También es como una expresión de esperanza: creer que “todos vuelven” (“la esperanza que no ha muerto”) después de hablar de los desaparecidos.

“Caminos verdes” es una especie de breve puente de esperanza; no suena tan caribeño y permite escuchar la maestría del pianista Oscar Hernández, un genio del tumbao. Desemboca en otra de las geniales historias de Blades, la que cuenta la tragedia de “El padre Antonio y el monaguillo Andrés”, en la que podemos ver un homenaje a monseñor Romero y otros curas comprometidos que fueron asesinados –en El Salvador, en Guatemala, en Colombia, en Brasil, ¿en dónde más?– porque interpusieron la libertad en el camino del poder.

El disco cierra con “Buscando América”, son en plan balada, nostálgico y esperanzado por una unidad continental que ha sido siempre un referente en la obra de Blades. Aquí parece haber una brecha entre la activa presencia de las percusiones soneras y el canto un tanto lánguido y lento de Rubén. También nos deja ver el papel que cumple Oscar Hernández Ricardo Marrero que emula con sus teclados la presencia que en una orquesta de son tiene la infaltable sección de metales. Algunos años después, los Seis del Solar integrarían metales (convirtiéndose en Son del Solar) y dejando más libre a Hernández en el piano. Hay que destacar el sensacional aunque breve solo de piano, con las octavas características del son, que nos muestran a este gigante del teclado, y el cambio final a un son espectacular llevado de la mano del slap del gran bajista Mike Viñas.

En síntesis, un estupendo disco de jazz latino disfrazado de comercial “salsa” y bien comprometido con las luchas de nuestros pueblos (lo que causó que algunos de los temas fueran censurados en la radio). ¡A bailar, cabezones!


Lista de Temas:
1. Decisiones
2. GDBD
3. Desapariciones
4. Todos vuelven
5. Caminos Verdes
6. El padre Antonio y el monaguillo Andrés
7. Buscando América

Alineación:
- Rubén Blades / voz, guitarra acústica, maracas, coros
- Mike Viñas / bajo, guitarras eléctrica y acústica, coros
- Oscar Hernández / piano
- Eddie Montalvo / tumbadoras, percusión, coros
- Louie Rivera / bongós, percusión, coros
- Ralph Irizarry / timbales, percusión
- Ricardo Marrero / vibráfono, sintetizador, percusión, coros
- Ray Adams / batería

Algunos recursos online sobre este disco:
https://es.wikipedia.org/wiki/Buscando_Am%C3%A9rica
http://www.allmusic.com/album/buscando-am%C3%A9rica-mw0000189153
http://www.eluniversal.com.co/blogs/patrimonio-siglo-xxi/ruben-blades-2-buscando-america
Y un parrafito de Robert Christgau:
Buscando America [Elektra, 1984]
The claim that only racism and lousy promotion denied Blades's Maestra Vida diptych the attention this major label debut has received is half truism and half one-upping guff. Nor do I miss the horns that helped make Siembra, his most renowned Willie Colon collaboration, an international phenomenon. The seven-man rhythm section he sings with here encourages conversational intimacy and renders irrelevant the high romanticism classic soneros drown in and Blades doesn't have the voice for. It also accents the narrative details which Blades the writer provides in such abundance. Nor must you know Spanish (or follow the crib sheet) to enjoy his rhythmic, melodic, and dramatic subtleties--they're right there in the music. Which vagues out only once--behind the pious generalities of the eight-minute title track. A-
[posdata]
Lo volví a escuchar y me di cuenta de otra cosa: este es un álbum conceptual, un relato: "Decisiones" es el planteo de un contexto, luego se presenta al "villano" en "GDBD", a continuación ocurren la desaparición (seguida de la esperanza del regreso) y la tragedia del cura y el monaguillo que tiene su desenlace en el llamado a la unidad latinoamericana. Rubén Blades es un gran contador de historias.


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